Encontrar a las mujeres en nuestro acervo no es difícil. Ahí están, con nombre propio, las historiadoras Blanca París y Lucía Sala, la psicóloga Sylvia Castro, la economista Celia Barbato y la archivóloga Alicia Casas, nuestra directora por tantos años. Todas ellas cuentan con una entrada individual en el listado de los archivos privados que custodiamos en nuestra sede. Pero, a pesar de los esfuerzos sostenidos por ampliar los criterios generales de colecta y también por detectar archivos de mujeres universitarias, estos fondos siguen siendo en su amplísima mayoría pertenecientes a varones destacados en la vida institucional. Ese predominio no es casual: refleja las dificultades que durante mucho tiempo tuvieron las mujeres para realizar estudios superiores y también su aparente condición subalterna en las carreras de muchos hombres. Hace ya varios años, una de las coordinadoras del AGU, Vania Markarian, señalaba que varios de los archivos privados que llevan el nombre de varones contienen, “escondidas o entreveradas”, las historias de mujeres que también fueron importantes para la historia intelectual, cultural y política de nuestro país. Ponía el ejemplo elocuente de la presencia de la ingeniera Isaura Posada en el archivo de su esposo, Óscar Maggiolo, quien fuera un rector emblemático de la Udelar.
Esto sugiere que, a veces, detectar la presencia de mujeres supone ir más allá de lo que los títulos de los fondos documentales parecen indicar. En muchos casos, requiere incluso cuestionar las descripciones que realizamos quienes estamos a cargo de estos acervos. Vale en estos casos una premisa básica de la investigación histórica y la custodia de archivos: no sabemos a priori las respuestas que ofrecen los documentos porque no conocemos las preguntas que se les irán planteando en cada presente.
En una nota reciente tratábamos de usar esa premisa para pensar el lugar de las mujeres en la historia de la Udelar y nuestra política con respecto a los rastros documentales de esas presencias. Todavía más cerca en el tiempo decidimos hacer explícito que muchos archivos se generan a partir de las relaciones de pareja y es difícil diferenciar qué pertenece a quién. Así, reconocimos el papel de Helena Villagra como productora y custodia del archivo de Eduardo Galeano, indicamos la importancia de María Díaz en el del escritor y crítico Hugo Achugar y dimos cuenta de las múltiples confluencias entre la documentación de Haydée Ballesteros, primera directora de la Facultad de Enfermería, y la de su compañero Hugo Villar, conocido director del Hospital de Clínicas. En todos los casos, se trata de archivos que llevan el nombre de ambos cónyuges para indicar esa condición coproducida.
Hoy queremos ampliar la mirada más allá del estudio de ciertas trayectorias, de su carácter pionero, de sus convergencias y de sus logros en condiciones desiguales para el desarrollo de carreras intelectuales. Con esa intención, proponemos algunas pistas para un primer acercamiento con perspectiva de género a la investigación sobre la historia de las disciplinas científicas en nuestro acervo. Pongamos como ejemplo el archivo del famoso médico Roberto Caldeyro Barcia, también ordenado, custodiado y donado al AGU por quien fuera su esposa, Ofelia Stajano. Como bien explica Alcides Beretta en su libro biográfico, Caldeyro fue un científico de renombre que, junto a su colega Hermógenes Álvarez, desde el Servicio de Fisiología Obstétrica de la Facultad de Medicina, desarrolló una labor de investigación que puso a Uruguay en el mapa de la perinatología mundial, especialmente en lo que respecta a la medición de la actividad intrauterina. La documentación que custodiamos da cuenta del conjunto de su actividad docente, académica y de investigación. Incluye abundante material utilizado para dictar cursos y conferencias, así como documentación sobre sus tareas como director y fundador del Centro Latinoamericano de Perinatología (CLAP) y del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA).


Utero miomatosis (alerac. aeund.) y movilización precoz de la puerperea. Oposición a la aducción, Fondo Institucional, Centro Latinoamericano de Perinatología (CLAP), 2- Fotografías, década de 1950 a década de 1980.
Llaman especialmente la atención los cientos de imágenes en diferentes soportes con esquemas sobre la actividad uterina y las numerosas fotografías de partos. Como señalan Franco Simini e Isabel Wschebor en los videos que hicimos para conmemorar los cien años de Caldeyro, estos documentos gráficos nos permiten pensar en la historia de las tecnologías de registro vinculadas a las ciencias de la salud. Además, estas imágenes, en las que se muestran los cuerpos y las caras de muchas mujeres tomadas en el marco de investigaciones médicas, son una valiosa fuente para reflexionar sobre el papel, los usos y las consideraciones sobre los cuerpos femeninos en la práctica de la medicina. Para empezar, es claro que no hay demasiados recaudos para preservar su intimidad, aparentemente poco importante en el marco de la misión mayor de la investigación científica. Son cuestionamientos que hacemos desde este presente, tan preocupado por esos temas, pero que no parecían prominentes entre las ansiedades de aquel momento. También es posible ver allí un hilo que conduce a la inquietud contemporánea por mejorar las condiciones del parto para las madres y los niños y así lo han hecho varios de los discípulos de Caldeyro. En definitiva, es claro que esas imágenes hablan fundamentalmente de las formas de concebir la investigación ginecotocológica y la atención clínica entre los años cincuenta y setenta del siglo pasado en Uruguay. Nos llevan asimismo a reflexionar acerca del tan mentado y perdurable “poder médico” sobre las almas y los cuerpos de los pacientes, que estudió José Pedro Barrán para etapas anteriores. Pero poco sabemos de las embarazadas y parturientas allí expuestas. ¿Quiénes eran? ¿En qué condiciones aceptaron participar de esas investigaciones? ¿Qué dirían si se vieran hoy entre los documentos de nuestro archivo? Son preguntas que quedan abiertas para seguir pensando en toda su complejidad la presencia de las mujeres realmente existentes en el acervo del AGU.

Archivos privados, Roberto Caldeyro Barcia, caja 8.
Bibliografía
José Pedro Barrán, Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos (Vols. 1-3). Ediciones de la Banda Oriental.
Alcides Beretta, Roberto Caldeyro Barcia. El mandato de una vocación, Montevideo, Trilce, 2006.
Ludmila da Silva, Mariana Giordano, Elizabeth Jelin (comp.), Fotografía e identidad. Captura por la cámara, devolución por la memoria, Buenos Aires, Editorial Nueva Trilce, 2010.
Vania Markarian, “El archivo mutante. Algunos apuntes sobre la historicidad de los documentos y sus formas de acopio”, en Políticas de la Memoria, nº 24, Buenos Aires, 2024, pp. 105-110.
Isabel Wschebor, “Mostrar lo invisible y revelar la cura: Los orígenes de la fotografía científica en Uruguay, 1890-1930”, en Magdalena Broquetas (coord .), Fotografía en Uruguay: Historia y usos sociales, 1840-1930, Montevideo, Centro de Fotografía de Montevideo, 2011